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La multinacional Johnson & Johnson admite que ha pagado a los médicos para promover sus productos

Ninguna empresa estaría dispuesta a admitirlo, pero muchos ya sabemos que las multinacionales dedicadas a los productos para la infancia están dispuestas a todo con tal de lograr aumentar netamente la venta de sus productos: publicidad subliminal u oculta, marketing agresivo… llegando incluso a pagar a diversos especialistas (médicos y otros profesionales de la salud) para promover sus marcas y productos: leches de fórmula, papillas y homogeneizados, cremas dermatológicas y otros productos para el aseo del bebé, por citar algunos ejemplos.

La excepción: Johnson & Johnson (multinacional estadounidense fabricante de productos farmacéuticos y de higiene personal) ha admitido que ha pagado a los médicos (se calcula que alrededor de 20-25 mil dólares trimestrales a cada profesional) para que dieran un “empujoncito” a sus productos durante las visitas de los pacientes.

Recuerdo además, que Johnson & Johnson es la misma marca de una conocida línea de productos para el baño y la higiene del bebé, los cuales recientemente están en el punto de mira por la presencia entre sus ingredientes de “enemigos para la piel” de nuestros pequeños (ver post relativo).

Esta noticia ha sido señalada por el periódico Wall Street Journal, revelando que la multinacional ha publicado en su propio sitio web los datos relativos a las inversiones realizadas en este “tipo de marketing”.

No se trata, como pareció en un principio, de un acto voluntario de “transparencia”.

De hecho, Johnson & Johnson se ha comprometido a publicar estos datos de acuerdo con el Gobierno de Estados Unidos como una compensación parcial de un fraude cuantificado en 2,3 mil millones de dólares (fraude relacionado con medicamentos recetados forzadamente ya fueran o no adecuados o autorizados por la FDA – Food and Drug Administration).

 Y a vosotros, ¿qué os parece?

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El mito de la esterilización

El marketing de productos dedicados al mundo de la infancia es una de las cosas más diabólicas que la mente humana ha concebido. No hay ser más vulnerable que una madre primeriza, que “por el bien de su hijo” va a hacer, y en particular, va a comprar, cualquier cosa. Hablaré mucho más a cerca de este argumento, pero ahora me quiero limitar a la esterilización. Su mito se basa, entre otras cosas, en uno de los temores más profundamente arraigado del sexo femenino: los gérmenes. Las empresas facturan miles y miles de euros sembrando el pánico entre las madres con alarmantes preguntas, tales como:

—¿Sabía usted que una alfombra mojada, las toallas y los albornoces son un territorio ideal para la proliferación de bacterias?

—(La mamá): ¡Ohh… no, no lo sabía! ¿Y qué hacen estas bacterias? ¿Saltarán sobre mi hlo que estos moldes? ¿Saltarán sobre mi hijo y se lo comerán?

—(Empresa de productos para la esterilización): …en realidad, comérselo… no. Pero, de todas formas, usted puede salvar a su hijo de los gérmenes sólo si esteriliza todo con nuestro prodigioso desinfectante antibacteriano. Es un poco caro, pero es la única manera de proteger a su dulce bebé.

Es fácil someter psicológicamente a una madre primeriza con amenazas similares. ¿A qué madre le gustaría ver a su hijo atacado por el moho, las bacterias y los gérmenes? Especialmente durante el primer mes de vida del bebé, se afanan en repetir los fabricantes de los esterilizadores, es esencial que todos los objetos —tetinas, chupetes, ropa, sábanas, el aire que el niño respira— sea absolutamente estéril, siempre y de modo efectivo.

No es cierto.

La primera que ha caído en la trampa he sido yo, como el 99% de las madres primerizas. Como no había querido comprar un esterilizador de verdad, creía que tenía que hervir y desinfectar todo lo que tocaba mi hijo. Sin embargo, gracias a la documentación, gracias a los libros, gracias a conversaciones… he podido abrir los ojos: la limpieza es, sin duda, esencial, pero un contacto normal con el mundo también significa un contacto regular con los gérmenes, los cuales son efectivamente destruidos por las células T (Linfocitos T) de nuestro sistema inmunológico ya desde el nacimiento. Un ambiente que no sea totalmente estéril, en realidad puede ser saludable para “entrenar” a nuestro sistema inmunitario: muchas investigaciones demuestran que los niños en contacto regular con bacterias, como, por ejemplo, los niños que crecen en las zonas rurales, son menos propensos a las alergias que aquellos que viven dentro de una “burbuja”.

Una gran cantidad de bacterias que son útiles para nuestro sistema inmunológico son destruidas en la limpieza, tales como las que habitan en nuestro tracto digestivo que son en gran parte las responsables de la digestión y la absorción de nutrientes.

Los productos antibacterianos matan las bacterias indiscriminadamente, acabando tanto a las buenas como a las malas. El uso regular de estos productos promueve el crecimiento de cepas resistentes de bacterias y gérmenes.

El uso constante de estos productos de limpieza puede afectar nuestro sistema inmunológico. Las bacterias y gérmenes están en todas partes, pero no lo tienen fácil para infiltrarse en nuestros cuerpos, puesto que  éstos cuentan con muchos niveles de defensa. Sin embargo, si usamos elementos externos para realizar el trabajo de defensa que nuestro sistema inmunológico debería hacer, éste se relaja y deja pasar cosas que debería detener.

Es por eso que los niños que juegan con tierra y animales desarrollan un sistema inmunológico mas fuerte que aquellos que crecen en hogares híper esterilizados.

Me contaron de un niño educado en el miedo a los microorganismos: cuando sus padres lo llevaban a la playa, hasta que tuvo tres años, no le dejaron poner los pies en la arena “por temor a los hongos”. ¿Exagerado? Sin duda sí, así como la esterilización absoluta durante el primer mes de vida. De lo contrario, pensad, también deberíamos esterilizar el pecho (y por alguna razón sólo se me ocurren formas muy dolorosas para hacerlo).

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El baño del bebé I

La hora del baño: una ocasión de placer y de relax ya que, cuando el bebé es pequeñito, en el agua reencuentra la cálida caricia del liquido amniótico, y una cita con la diversión cuando supera los primeros meses de vida.

Jabones y Geles de Baño

Durante los primeros meses de vida os aconsejo que no compréis ni jabones, ni geles, ni leches detergentes, porque… ¡el bebé no se ensucia!

El objetivo del baño cotidiano, o dos o tres veces por semana, no es el de lavar al peque, sino el de regalarle emociones agradables y relajantes.

Es inútil por tanto el uso del jabón y el masaje brusco sobre su piel con la intención de lavarlo. Además, al pequeño le suele entrar siempre un poco del agua del baño en la boca… por ello, mejor que no contenga jabón. El poco polvo y sudor que se le pueden haber acumulado a lo largo de la jornada o de los días se irá únicamente con agua templada.

Por lo que, para empezar, el problema del jabón, de los geles de baño y del champú no existe. Contrariamente a lo que la publicidad intenta de hacernos creer, el bebé no necesita ser lavado con particulares jabones. No sólo no le sirven, sino que los ingredientes que contienen muchos de estos productos para la higiene pueden secar o irritar su piel, privándola de la sustancias grasas de la protegen. Además, los perfumes de estos productos pueden confundirlo y desconcertarlo.

La solución más simple, eficaz y económica para lavar a vuestro bebé es aquella de disolver en el agua una o dos cucharadas de almidón de maíz (comúnmente conocido como Maizena) o con almidón de arroz (polvos de arroz). Yo uso estos últimos y son fabulosos: limpian, hidratan y curan todo tipo de irritaciones.

Probadlos y ya me contaréis.

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